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Artículos y vídeos sobre recomendaciones médicas

Cacao ramoncita con ganoderma

UN ALIMENTO QUE PROTEGE, PREVIENE, CURA Y SANA ENFERMEDADES

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El consumo de cacao ayuda a reducir en una tercera parte el riesgo de sufrir enfermedades del corazón. Un estudio de la Sociedad Europea de Cardiología de Paris, que evaluó a cien mil participantes, evidenció que las personas que consumían más cacao tenían un 37% menos riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y un 30% menos de presentar derrames cerebrales. Desde hace varios años está comprobado el efecto protector del cacao sobre el corazón. Además, al dilatar las arterias mejora la circulación y aumenta el flujo sanguíneo en todos los órganos del cuerpo. Por lo tanto, es útil en diabéticos, personas con derrames cerebrales o infartos cardiacos, demencia senil, pérdida de la memoria o trastornos circulatorios. Pero también para niños, para mejorar su capacidad de aprendizaje y su rendimiento físico, intelectual y académico.

Cacao Ramoncita es 100 por ciento natural, cultivado sin ningún tipo de químicos como fertilizantes o insecticidas, secado y molido al sol, se ha mezclado con el hongo Ganoderma Lucidium, para sumar las bondades de estos dos productos naturales. El Ganoderma es un hongo medicinal usado hace más de 4.000 años en Japón.         Cacao Ramoncita contiene más de 200 nutrientes terapéuticos, 150 de los cuales son antioxidantes. Tiene propiedades para combatir los tumores, mejora el sistema inmunológico que es el encargado de protegernos contra las infecciones y enfermedades, y reduce la presión sanguínea. Ayuda a aliviar las alergias y las enfermedades hepáticas.

El ganoderma del Cacao Ramoncita eleva las defensas, mejora el sistema circulatorio y ayuda a mejorar las funciones de los sistemas nervioso y digestivo. Es desintoxicante ayudando a eliminar el exceso de toxinas acumuladas en el organismo. Además, ayuda a regenerar las partes afectadas del organismo y fortalece las defensas aumentando la resistencia a las enfermedades. Está comprobado que al mejorar la circulación y el aporte de oxigeno a los tejidos, los rejuvenece y por la presencia de más de 150 desintoxicantes combinados, retarda el envejecimiento al evacuar los radicales libres que son tóxicos y cancerígenos en el organismo.

CACAO RAMONCITA CON GANODERMA, UNA MEZCLA PERFECTA PARA AYUDAR A RECUPERAR Y MANTENER SU SALUD.

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Alimentación y cáncer

Para muchas personas la palabra cáncer causa miedo, verdadero pánico. Es tal el asunto que conozco individuos que se rehúsan a practicarse exámenes de laboratorio, por el temor a que le digan que padece la enfermedad, como si al no saber que se sufre una enfermedad, esta no existiera. El John Hopkins Memorial Hospital, centro asistencial universitario especializado en tratamiento del cáncer en los Estados Unidos, dentro de su política de prevención de esta enfermedad, emite boletines periódicos para informar a los ciudadanos sobre diversos tipos de cánceres y las diferentes alertas a tener. Veamos las más recientes.

 

Todos tenemos células cancerosas en el cuerpo. Pero estas no se desarrollan porque los mecanismos de defensa, es decir, nuestro sistema inmunológico y otros sistemas, se encargan de detectarlas tempranamente y destruirlas. De tal manera que cuando su médico le diagnostica que usted tiene cáncer, lo que está es constatando que fallaron los mecanismos protectores, que no se evacuaron las células dañinas iniciales, o células cancerígenas, que estas proliferaron y, están ahora afectando todo su organismo. La principal causa de falla en el sistema inmunológico y sistema protector, es la deficiencia nutricional, que puede ser de origen genético, ambiental, por fallas alimenticias o por el estilo de vida de esa persona. Si un paciente presenta deficiencias nutricionales múltiples, modificar su dieta fortalecerá su sistema inmunológico y protector. Combatir efectivamente el cáncer, entonces, es poner a “aguantar hambre” a las células cancerígenas hasta que fallezcan, evitando alimentarnos con productos que estimulen su multiplicación y crecimiento. ¿Qué alimentos debe evitar una persona con cáncer?

Está demostrado que el azúcar blanco es un alimento que estimula el crecimiento del cáncer. Productos edulcorantes como el Aspartame que le dan sabor dulce al Nutra Sweet, también es dañino. Se puede endulzar con miel de abejas, panela, azúcar morena o melaza, pero usándolos moderadamente. Alguien decía que la sal de mesa debía venderse con fórmula médica, por lo dañina que es. Se puede reemplazar por la sal marina, pero en pequeñas cantidades.

Existen múltiples estudios que no recomiendan el consumo de leche. Se sabe que mujeres que han sufrido y sobrevivido a un cáncer de seno, tienen mayores probabilidades de recaída y reaparición del tumor si consumen leche. Las pacientes que suprimen la leche de su alimentación mejoran la calidad de vida, reaccionan mejor a la quimioterapia y a la radiación y se recuperan más rápidamente. Lo mismo ocurre con las papas fritas. Mujeres que tienen o que hayan tenido cáncer de mama no deberían comer papas fritas.

Es conocido por muchos que mantener un ambiente interno ácido favorece el crecimiento de las células cancerígenas. Una dieta rica en cárnicos (carnes de res o de cerdo) es ácida, por lo que es preferible el consumo de pescado o pollo. La carne de res además, tiene hormonas y antibióticos que resultan dañinas para las personas, especialmente si es un paciente con cáncer. Una dieta con un 80% de vegetales frescos, granos, semillas, nueces y frutas genera un ambiente alcalino en el organismo que desestimula el crecimiento de las células del cáncer. Los vegetales frescos son comida viva y, precisamente, vida es lo que necesita un enfermo con cáncer. Recuerde que alcalinidad es salud. Es por eso que algunos médicos recomendamos a pacientes con cáncer o enfermedades degenerativas, consumir un poco de bicarbonato de soda en agua diariamente.

Los vegetales frescos proveen enzimas que son fácilmente absorbidas y estimulan el desarrollo de células sanas. Hervir las verduras es destruirlas. Cocínelas a fuego lento y al vapor para obtener lo mejor de ellas, como las vitaminas.

 

Elimine el café, el té y el chocolate procesado. Beba abundante agua pura, tras vaciándola de un recipiente a otros, varias veces para oxigenarla. El agua destilada es ácida por lo que es mejor evitarla. Los enlatados tienen sustancias preservantes, colorante artificiales o saborizantes que son dañinas. Evítelos.

 

El cáncer es una enfermedad de todo el cuerpo, de la mente y del alma. Una actitud preactiva y un espíritu positivo ayudan mucho. La ira, el odio y la soledad son dañinos. Aprender a relajarse y disfrutar de la vida son herramientas útiles contra este mal. Se necesita de un buen cuidado médico, pero usted puede ayudarse con su alegría, con su optimismo y sus ganas de vivir.

AGUSTIN ANGARITA LEZAMA * 

Noviembre 6 de 2009

* Médico cirujano, especialista en terapia neural y medicina biológica.

Escritos sobre política

Calor humano y sociedad

Recientemente tuve que asistir a una entidad de salud local a tomarme unas imágenes diagnósticas. Mucho me impresionó la displicencia y frialdad de la atención al público. En general las personas que asisten a estas instituciones son pacientes aquejados por múltiples dolencias. Muchos son campesinos o de otra ciudad. La mayoría, por no decir todos, desconocen las rutinas y protocolos que allí se realizan. Por eso los ve uno con un papel en la mano y tratando de leer los complicados letreros de las oficinas, pasillos y consultorios buscando orientarse.

Cuando entregué las órdenes para mis exámenes, la persona que me atendió nunca me miró a la cara. Con los ojos fijos en el computador mientras escribía, me preguntó algunos datos y me ordenó sentarme a esperar. Allí, mientras aguardaba, entablé conversación con otros que también esperaban atención. Un señor me contó que estaba recién operado y que le habían ordenado unos exámenes de control. Pregunté quien lo había intervenido y no supo el nombre del cirujano. Medio me lo describió. Le pregunté porque confiaba su salud a una persona que no conocía y me respondió: a uno le dan una cita y lo atiende un médico, él le solicita exámenes, luego cuando uno va con los resultados y lo atiende otro. Este lo remite donde el especialista, que siempre está muy ocupado y no tiene tiempo para contestar preguntas ni resolver dudas, decide que hay que operar. Luego otro lo opera y el control a veces es con otro diferente al que a uno lo operó…

Estaba pensando en lo que me decía, cuando me llamaron para mi procedimiento. Pese a que saludé, no me retornaron el saludo. Me señalaron donde debía cambiarme y donde debía esperar. Pasó una señora con caminar cansino, su bolsa de suero en la cabeza y una historia clínica debajo de su brazo. Tiritaba por el frío. Su bata de paciente hospitalizada no la cubría casi nada. El aire acondicionado funcionaba a todo dar. Me imagino que para que a los empleados no les diera calor…

La señora se detuvo un momento y me preguntó algo que no supe. Le propuse que se sentara y esperara a una enfermera o un empleado para resolver su inquietud. Mientras tanto se quejó del trato distante y frío del personal médico y paramédico. Me conto que por la mañana llegan a la habitación donde una está hospitalizada, el médico junto a otros médicos o estudiantes y enfermeras, rara vez saludan, sin mirarme hablan entre ellos, me tocan por todas partes sin percatarse que una no está acostumbrada a que la desnuden frente a la gente y menos si son hombres. Luego se van discutiendo entre ellos y una no puede preguntar nada… ni siquiera de qué me operaron ni qué me sacaron. Me dijeron que era un tumor. Más no sé de dónde.

Mientras llego todas las mañanas a la universidad saludo y le sonrío a todas las personas que pasan a mi lado y muy pocas me contestan y las que lo hacen es entre los dientes y como sorprendidas. ¿Será que es doloroso devolver un saludo? ¿Será que los tiempos modernos exigen tener un comportamiento adusto y huraño? ¿Será que la educación superior no tiene nada que ver con esto de ser amable y cortés?¡será que en los hogares ya no enseñan a saludar a tener buenos modales y costumbres?

Las reiteradas relaciones con las personas y su entorno son las que nos hicieron humanos. Si estas se enfrían, se vuelven rígidas o se pierden, es la humanidad lo que perdemos. Necesitamos, en todos los espacios y oportunidades llenarnos de calor humano para dar, para entregar a manos llenas, no importa que no nos lo devuelvan. Esta sociedad necesita amor, respeto y buen trato. No olvidemos que amor es darse, así de simple, sin esperar cosas a cambio.

 

 

*Médico cirujano especialista en medicina biológica.

AGUSTIN ANGARITA LEZAMA*

Noviembre 27 de 2015

El derecho a morir dignamente

 

Languidecía el día en un atardecer bello como es costumbre en esas tierras. El sol, acurrucándose entre las montañas, llenaba de arreboles el cielo. Mientras llenaba mis ojos de firmamento, me abordó el familiar de una paciente. Quería que la fuera a ver hasta su casa en una zona rural cercana. Acepté. Recogí lo necesario para la consulta y emprendimos viaje. En quince minutos arribamos a una finca a borde de carretera. Tenía una casa de bahareque pintada de blanco adornada con matas de flores sembradas en latas de aceite y viejas ollas esmaltadas pegadas a las paredes. Otras colgaban de las cornisas en materas construidas con astillas de guadua, que el viento mecía suavemente. De inmediato me llevaron a ver la enferma.

La encontré tirada en un viejo camastro en un cobertizo improvisado hecho en la parte trasera de la casa con retales de guadua y cinc, alejado unos treinta metros, al lado de la letrina y del pozo séptico. Ella despedía un olor nauseabundo. Prácticamente no se podía respirar. La familia había decidido sacarla de la casa para aliviar los olores que despedía su avanzado cáncer de matriz y ahogar un poco los gritos de dolor que permanentemente emitía.

La señora, hija de los dueños de casa, por la falta de costumbre de hacerse chequeos médicos preventivos, había desarrollado un cáncer de cuello uterino, que solo se le descubrió cuando le había invadido órganos internos. La hicieron tratamiento especializado y luego de varias sesiones los galenos decidieron que no había nada que hacer, que lo mejor era que la llevaran a casa y le dieran calmantes mientras moría… llevaba 5 meses de terrible agonía.

Ya era un  escombro de ser humano. Sus ojos extraviados por el dolor, los calmantes y la enfermedad. Sus huesos forrados en una piel cetrina demostraban como la invasión del cáncer la consumía. Sus genitales eran una gran úlcera que conectaba lo que quedaba de vagina con el recto. De allí salía una abundante supuración fétida. Todo lo que comía lo vomitaba y orinar o defecar eran un martirio. No paraba de gritar por sus agudos dolores. La morfina que le aplicaban la mantenía adormilada pero su dolor seguía intenso. Luego de examinarla me sentí  miserable. No entendía por qué un ser humano tenía que sufrir de esta manera. Me llenaba de ira no poder darle ningún alivio más allá de tomar sus manos y sentir su leve apretón mientras me buscaba con su mirada perdida y llorosa.

La vida vale la pena si hay libertad, salud y dignidad humana. Pero no era para nada digna la vida que mantenía ésta señora. Pedía a gritos que la ayudaran a morir ya. Se preguntaba qué había hecho ella para merecer tan doloroso castigo…

Así hay centenares de seres humanos tirados en hospitales o en oscuros cuartos de hogares, que, pese al amor de sus familiares, se apagan poco a poco sumidos en el sufrimiento, la desesperación y la angustia sin tratamiento posible que los alivie. No es humano ni para los enfermos ni para la familia ese largo suplicio. El Ministerio de salud reglamentó el derecho a morir dignamente, que ya fue aprobado por la Corte Constitucional, para que estos seres humanos encuentren una solución definitiva a sus prolongados sufrimientos. Sin embargo, escucho voces contrarias, especialmente de los que están sanos, que no viven cerca del dolor y asumen el sufrimiento desde la simple teoría.

Agustín Angarita. Médico cirujano. abril 24 de 2015

 

Odio y politica

Nuestra civilización tiene fuertes raíces occidentales. Y Occidente es la confluencia de muchos factores entre los que se destacan la cultura griega y romana. La filosofía, la ética, las matemáticas, la estética, el deporte, etc. tienen herencias griegas y/o romanas. Otra influencia para Occidente, muy importante es la judeocristiana. En la Edad Media estas dos influencias fueron reunidas en un solo cuerpo en la Escolástica, por el filósofo cristiano Santo Tomás de Aquino, constituyéndose en la columna vertebral de nuestra manera de ver, entender, sentir y vivir el mundo. Era una visión maniquea de la realidad. Aunque algunos prefieren denominarla dualista o binaria.  El poder de la Iglesia, que se encargaba de la educación, era tan grande que esta mirada penetró todos los rincones de la vida cotidiana.

El pensamiento científico y el capitalismo crecieron juntos, de la mano. Y aunque en algunos aspectos se enfrentaron a la Iglesia, mantuvieron el sentido primigenio de la concepción religiosa consistente en la tendencia de ver el mundo en blanco y negro. Especialmente enfrentadas: las cosas se dividen en Cielo  vs. Infierno; Pecado vs. Salvación; Bien vs. Mal; Macho vs. Hembra; Nosotros vs. Ellos; Viejo vs. Joven; Conciente vs. Inconciente; Patriotas vs. Terroristas; Sagrado vs. Secular; Amigo vs. Enemigo, etc. Esta manera polarizada de ver y entender el mundo, donde todo lo asumimos como negro o como blanco, deja por fuera todos los colores que son los que caracterizan la belleza de la vida misma. Es decir, aprender a ver el mundo sólo en blanco o negro es aislarse o separarse de la vida, dejarla por fuera.

Podríamos argumentar que este es un problema de Occidente y no nuestro, pero se nos olvidaría lo que planteamos al principio, que nuestra cultura tiene su profunda impronta occidental. Será por eso por lo que en política tendemos a ser radicales, a preferir las soluciones extremas, a creer que las opciones intermedias son tibias, blandas, sinónimo de entrega o claudicación. Las consignas dicen mucho: patria o muerte; el que no cambia todo no cambia nada… y así por el estilo. Son enfoques dualistas, maniqueos, hijos de la revolución científica pensada desde la conveniencia del capital. Fue la mentalidad capitalista de la modernidad la que guió el pensamiento científico naciente. Eso explica criterios como que el conocimiento debe tener utilidad, ser fuente de poder y permitir el control. Desde esta óptica la mentalidad individualista del capital que administra al saber, lo pone a jerarquizar (los buenos por encima de los malos), a reducir el conocimiento a sus conveniencias, a preferir lo simple y mecánico a lo complejo y sistémico, a enfrentar a los ciudadanos entre los que tienen y los que anhelan tener. Y los que se oponen, imbuidos con la misma lógica que pretenden combatir, reivindican el odio como bandera de salvación. Según ellos sólo el odio los hará libres.

En una sociedad tan conflictiva como la nuestra, pregonar el odio es inflamar la guerra. Es un grito sediento de sangre en un país donde ella corre a ríos. Es azuzar las venganzas para seguir sembrando de tumbas los campos hambrientos ávidos de cosechas. Construir la paz no se logra por los caminos de la confrontación, de la negación del otro y la afirmación del yo. Tampoco desde la mirada estrecha y reductora de bueno-malo, blanco negro. Y menos desde los ojos enturbiados por el odio y la sed de retaliación. Aunque suene extraño es defendiendo la vida en todas sus manifestaciones, invocando y practicado la reconciliación, el afecto, la alegría, el respeto y comprendiendo que tener la razón no siempre es tener la verdad. En la vida muchas cosas son lógicas y coherentes pero no son verdaderas.  Desde el odio no se puede salvar a la humanidad.

Se avecina una nueva campaña política, ojala se dedique a restañar las heridas, a favorecer la cicatrización de los espíritus y no a mover los odios como excusa simplista y torpe ante la falta de propuestas tratando de ocultar intereses individualistas y particulares revestidos de compromiso social y popular.

 

* Médico especialista en terapia neural, profesor y director del Observatorio de paz y derechos humanos de la Universidad del Tolima

 

Artículos de epistemología para la paz

Respeto y convivencia

Hace días me encontré un amigo que va en camino de ser predicador de los Testigos de Jehová. Se dedicó un tiempo a estudiar la biblia y, detrás de unas corbatas pedidas a conocidos como donación, comparte sus conocimientos religiosos con otros asistentes a reuniones de culto. Al preguntar qué era lo que hacía me dijo que lo primero era contar la verdad sobre la biblia. Que otras religiones solo enseñaban mentiras, llenándoles la cabeza de falsedades y falacias a los fieles y a los niños. Es decir, ellos son los que poseen la verdad y realmente entienden las escrituras sagradas.

En alguna ocasión compartí charla con un amigo que, entre otras cosas, es hincha del Deportes Tolima. Cuando entramos al tema del fútbol, el ambiente se puso tenso. Para él su equipo es el mejor del mundo y los pocos encuentros que pierde son porque los árbitros le roban los partidos o las mafias arreglan los resultados. No le valieron mis comentarios sobre la destacada calidad de Cristiano Ronaldo, Messi, Neymar, o de sus equipos estelares. La única verdad era la que planteaba mi amigo y la de su Deportes Tolima.

Otro día me abordó un profesional ibaguereño a ponerme el tema del Centro Democrático. No tardó en explicarme las lúcidas disertaciones de su preclaro jefe el doctor Álvaro Uribe, y la validez y claridad de todas sus propuestas. Según él, de la boca del gran timonel de ese movimiento no afloraban sino verdades y todas incontrovertibles.

Esto lo traigo a colación pensado en la matanza de los periodistas de la revista Charlie Hebdo en Paris que ha desatado gran solidaridad y ha puesto en el centro del debate las libertades de culto, prensa, pensamiento y expresión. El gran delito de los caricaturistas fue pensar diferente de algunos extremistas creyentes del Corán…

El problema en todos estos casos es arrogarse el derecho a tener la verdad. Si una persona cree que tiene un camino expedito para llegar a la verdad y convertirla en patrimonio propio, ella puede pensar que todos los demás es tán sumidos en el error y la mentira, que son descarriados individuos, que su destino es traerlos a buen sendero, hacerlos caer en cuenta de sus fallas y reivindicarlos. O en caso extremo, castigarlos por su porfía. Debe pensar que la verdad siempre triunfa sobre el mal…

 

Si desde chicos nos inculcaran que no hay solo una verdad, que ella es relativa, que hay muchas verdades válidas y respetables, creceríamos en el respeto, en la seguridad que se tiene un punto de vista que no es único, universal y verdadero, sino falible, cambiable y temporal. Está bien que la gente crea y profese su religión. Pero que aprenda a respetar a los que creen y profesan otras. Está bien que crean en su partido político y sus jefes, pero que no los conviertan en los Mesías que viven en la verdad. La política la ejercen los humanos y ellos se equivocan, fallan y se dejan llevar por las pasiones. Igual ocurre con los gustos deportivos y la vida en general. Solo enseñando desde niños y hasta siempre, respeto por los demás, dignidad y no violencia, empezamos a prevenir masacres, odios, venganzas, violencias y a convivir en solidaridad y en paz.

www.agustinangarita.com

AGUSTÍN ANGARITA LEZAMA

La reflexión y la sabiduría

Platón, el filósofo griego, enseñaba que la sabiduría no tenía nada que ver con la opinión, a la que denominaba doxa y a la vez, como la forma menos confiable del saber. Para alcanzar un saber verdadero, Platón postulaba la necesidad de someter el conocimiento a discusión colectiva para, escuchando y confrontando diferentes argumentos y puntos de vista, ir decantando y elevando el conocimiento. Este proceso lento y esforzado de ascenso del saber, lo llamó Platón episteme. Un punto clave en esta metodología para construir conocimiento era la reflexión, que es el acto mediante el cual una persona revisa lo actuado, lo sopesa, lo confronta y al evaluarlo puede descubrir errores, debilidades, falencias y, en consecuencia, si es del caso, corrige, modifica o rechaza creencias y comportamientos.

La reflexión se constituye, entonces, en la columna vertebral de la sabiduría. Sólo mediante ella es posible que un ser humano caiga en cuenta de sus equivocaciones y el mismo tome los correctivos necesarios. No obstante, la reflexión es bastante escasa en nuestro medio. Ante cualquier crítica, en lugar de escucharla y revisarla con atención para luego reflexionar, lo que usualmente se hace es atacar al crítico, sin tener para nada en cuenta si las críticas tienen algún fundamento.

Nuestra actitud cotidiana ante cualquier crítica, casi sin escucharla, es negarla, no aceptarla, refutarla… Cada persona encerrada en sus certidumbres y certezas, se considera como portadora de la verdad, luego lo que dicen los otros, no es un tema de diferencia, sino de equivocación o de mala fe. Encerrada en la comodidad de su verdad, la persona considera que su deber es convencer al otro, nunca escucharlo, porque el otro estaría viviendo en el error. El tema es sencillo: yo tengo la verdad, el otro no es diferente ni distinto, sino un ser equivocado y todo lo que diga no deja de ser un cúmulo de sandeces. ¿Para qué escucharlo o reflexionar sobre lo que me dice?

Se considera más valioso blindarse con una buena disculpa, que reflexionar sobre los argumentos del otro. Además, validos de la filosofía de los técnicos de fútbol de que la mejor defensa es el ataque, ante cualquier comentario, que se asume ya equivocado desde su origen, se llega al extremo de salir lanza en ristre, no importa si hay que calumniar, mentir o desprestigiar con toda saña, sevicia y alevosía, a negar al que opina diferente.

Yo creo que esta manera de organizar el pensamiento en la que nos sentimos seguros, dueños de la verdad, en la que creemos que nuestro entender es universal y compartido por todos, en la que asumimos la diferencia como afrenta o como una declaración de guerra, en la que negamos al otro como actor legítimo para convivir y solo lo vemos como enemigo, y en la que la reflexión no se utiliza por innecesaria o inútil, constituye los elementos con los que se adoba la exclusión y la violencia con todas sus consecuencias.

Llamar a la reflexión paciente, seria, sincera y permanente es llamar a construir paz, a aprender a respetar a los demás, a mejorar la convivencia, a fortalecer los lazos de interrelación interpersonal, a aprender a vivir con alegría y dejar de lado cargas de odio y resentimiento que enturbian la mirada de los que se aferran a sus verdades, a sus seguridades y muy poco reflexionan.

 

AGUSTÍN ANGARITA LEZAMA.

Septiembre 12 de 2014

 

Optimismo para la vida.

La vida es algo maravilloso que infortunadamente no valoramos. La tierra se formó hace cinco mil millones de años. Hace cuatro mil 500 millones de años se creó la vida. La vida en un principio era de organismos de una sola célula, que vivían en la oscuridad, en un ambiente con vapor de agua, amoniaco, metano, CO2, sin oxígeno, sin capa de ozono y por lo tanto, expuesta a los rayos ultravioleta. Hace unos dos mil 200 millones de años ocurrió la catástrofe ambiental que por poco acaba con la vida en el planeta. Apareció el oxígeno, un venenoso gas que inundó el ambiente y causó la desaparición de la mayoría de seres vivos existentes. La vida amenazada aceptó el difícil reto y se adaptó a vivir con oxígeno. Esta adaptación transformó el planeta.

Aparecieron entonces los árboles que produjeron más oxígeno, y otros seres vivos con muchas células y mayor complejidad, luego los peces, reptiles, anfibios, y hace 200 millones de años aparecieron los mamíferos. Los antropoides en tierra se originaron hace unos 20 millones de años y los homínidos hace unos 10 millones de años. Los humanos aparecieron en la tierra hace tan solo unos ciento cincuenta mil años. Fijémonos bien, hace cuatro mil 500 millones años apareció la vida y hace apenas ciento cincuenta mil años aparecieron los homo sapiens. Es decir, los humanos somos muy nuevos en la historia de la vida.

Nuestro planeta tierra hace parte de un cosmos que no está quieto, que se crea, destruye y se expande de manera permanente. Nacen nuevos soles y nuevas galaxias y desaparecen otros. El universo es fundamentalmente un gran vacío en el que la materia organizada que conocemos representa menos del dos por ciento del universo. Esto hace pensar que la vida como la conocemos es única o, por lo menos, rarísima en el universo.

La vida se ha hecho a contracorriente, superando muchas dificultades. Creando organización desde el caos. Manteniendo esa organización a costa de esfuerzo, creatividad, terquedad e imaginación. En el ser humano confluyen muchos de los esfuerzos de la naturaleza por complejizar y mantener la vida. Dicho en otras palabras, los humanos hemos recibido del planeta una herencia de la vida expresada en ríos, paisajes, biodiversidad, atmósfera, capa de ozono, belleza y esplendor. Una vida que es una sonrisa en un mar de oscuridad y escepticismo. Una vida humana que ha sido capaz de maravillas que no dejan de impresionar.

Sin embargo, el ser humano ha sido capaz en los últimos 50 años de poner en riesgo esta preciosa herencia. Pero no es el ser humano por su naturaleza el responsable, sino es la manera como se ha construido su entendimiento y su saber. Es cómo se le ha enseñado su relación con la naturaleza y sus congéneres. Esto último es remediable y corregible. Es cierto que es difícil, largo y complicado, pero posible. Entender el largo camino que ha recorrido la vida hasta nuestra aparición exige mucho optimismo, exige compromiso y requiere una férrea voluntad de futuro.

La vida tiene tantas cosas bellas que no podemos dilapidar pensando sólo en las tristezas, odios y bellaquerías que existen. La vida, que incluye a la muerte, tiene a la felicidad y a la alegría como su sustento y a la esperanza como su posibilidad.

AGUSTIN ANGARITA LEZAMA

Enero 9 de 2015