Odio y politica

Odio y politica

Nuestra civilización tiene fuertes raíces occidentales. Y Occidente es la confluencia de muchos factores entre los que se destacan la cultura griega y romana. La filosofía, la ética, las matemáticas, la estética, el deporte, etc. tienen herencias griegas y/o romanas. Otra influencia para Occidente, muy importante es la judeocristiana. En la Edad Media estas dos influencias fueron reunidas en un solo cuerpo en la Escolástica, por el filósofo cristiano Santo Tomás de Aquino, constituyéndose en la columna vertebral de nuestra manera de ver, entender, sentir y vivir el mundo. Era una visión maniquea de la realidad. Aunque algunos prefieren denominarla dualista o binaria.  El poder de la Iglesia, que se encargaba de la educación, era tan grande que esta mirada penetró todos los rincones de la vida cotidiana.

El pensamiento científico y el capitalismo crecieron juntos, de la mano. Y aunque en algunos aspectos se enfrentaron a la Iglesia, mantuvieron el sentido primigenio de la concepción religiosa consistente en la tendencia de ver el mundo en blanco y negro. Especialmente enfrentadas: las cosas se dividen en Cielo  vs. Infierno; Pecado vs. Salvación; Bien vs. Mal; Macho vs. Hembra; Nosotros vs. Ellos; Viejo vs. Joven; Conciente vs. Inconciente; Patriotas vs. Terroristas; Sagrado vs. Secular; Amigo vs. Enemigo, etc. Esta manera polarizada de ver y entender el mundo, donde todo lo asumimos como negro o como blanco, deja por fuera todos los colores que son los que caracterizan la belleza de la vida misma. Es decir, aprender a ver el mundo sólo en blanco o negro es aislarse o separarse de la vida, dejarla por fuera.

Podríamos argumentar que este es un problema de Occidente y no nuestro, pero se nos olvidaría lo que planteamos al principio, que nuestra cultura tiene su profunda impronta occidental. Será por eso por lo que en política tendemos a ser radicales, a preferir las soluciones extremas, a creer que las opciones intermedias son tibias, blandas, sinónimo de entrega o claudicación. Las consignas dicen mucho: patria o muerte; el que no cambia todo no cambia nada… y así por el estilo. Son enfoques dualistas, maniqueos, hijos de la revolución científica pensada desde la conveniencia del capital. Fue la mentalidad capitalista de la modernidad la que guió el pensamiento científico naciente. Eso explica criterios como que el conocimiento debe tener utilidad, ser fuente de poder y permitir el control. Desde esta óptica la mentalidad individualista del capital que administra al saber, lo pone a jerarquizar (los buenos por encima de los malos), a reducir el conocimiento a sus conveniencias, a preferir lo simple y mecánico a lo complejo y sistémico, a enfrentar a los ciudadanos entre los que tienen y los que anhelan tener. Y los que se oponen, imbuidos con la misma lógica que pretenden combatir, reivindican el odio como bandera de salvación. Según ellos sólo el odio los hará libres.

En una sociedad tan conflictiva como la nuestra, pregonar el odio es inflamar la guerra. Es un grito sediento de sangre en un país donde ella corre a ríos. Es azuzar las venganzas para seguir sembrando de tumbas los campos hambrientos ávidos de cosechas. Construir la paz no se logra por los caminos de la confrontación, de la negación del otro y la afirmación del yo. Tampoco desde la mirada estrecha y reductora de bueno-malo, blanco negro. Y menos desde los ojos enturbiados por el odio y la sed de retaliación. Aunque suene extraño es defendiendo la vida en todas sus manifestaciones, invocando y practicado la reconciliación, el afecto, la alegría, el respeto y comprendiendo que tener la razón no siempre es tener la verdad. En la vida muchas cosas son lógicas y coherentes pero no son verdaderas.  Desde el odio no se puede salvar a la humanidad.

Se avecina una nueva campaña política, ojala se dedique a restañar las heridas, a favorecer la cicatrización de los espíritus y no a mover los odios como excusa simplista y torpe ante la falta de propuestas tratando de ocultar intereses individualistas y particulares revestidos de compromiso social y popular.

 

* Médico especialista en terapia neural, profesor y director del Observatorio de paz y derechos humanos de la Universidad del Tolima

 

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