EL CULPABLE DEL ERROR MEDICO

EL CULPABLE DEL ERROR MEDICO

Cada día la medicina se ve más respaldada por costosos y complejos aparatos buscado mejorar el diagnóstico de las enfermedades y reducir el error médico. En todas las profesiones incluida la medicina, existen algunos profesionales irresponsables que cometen actos médicos dolosos que dejan mucho que desear.  Pero ellos son, de seguro, la inmensa minoría. Miremos el tema.

Existe una diferencia importante entre el error y la mentira. El que miente sabe desde un principio que está mintiendo porque quiere engañar. En el caso del error la cosa es muy diferente. El que comete un error no sabe que está equivocado. Cuando se equivoca está convencido que está obrando bien, que está en lo correcto. Solamente después de actuar, seguro de haberlo hecho bien, es que se da cuenta del error. Si desde un comienzo supiera que estaba obrando mal, sería un mentiroso y no un equivocado. El que se equivoca, se equivoca a posteriori. Todo error es de buena fe, de lo contrario sería una mentira.

 

Por el sistema médico que opera en Colombia los profesionales de la salud se ven obligados a prestar un mal servicio. Como para el sistema de salud lo importante es la eficiencia, es decir, más servicios por menos recursos, se establecieron un mínimo de consultas por cada profesional (es lo que llaman cobertura), de tal manera que será más eficiente el que más consultas realice. También le preocupa al sistema la eficacia: menor tiempo para prestar el servicio, por lo que está reglamentado cuantos pacientes por hora se deben atender. Será más eficaz el médico que menos tiempo se demore en una consulta. En la práctica, esta dinámica del sistema de salud presupone un mal servicio, porque hay que prestarlo por cantidades y a la carrera.

La lógica del sistema de salud está centrada en la enfermedad, no en las personas. Para el sistema no existen pacientes sino clientes o usuarios. Lo importante es la enfermedad y no los pacientes. Como el enfermo ya no es Juan o María sino su hígado o su estómago, el profesional se preocupa por el hígado o el estómago y no por Juan o María. Los pacientes fueron desarticulados en órganos enfermos y ya no son atendidos en su integralidad. Con los avances de la ciencia, se descubrió que, para seguir con el ejemplo, la enfermedad no estaba en todo el hígado o estómago, sino en las células de ellos. Más adelante se descubrió que el problema no estaba en las células sino en el núcleo, la mitocondria o cualquier otro minúsculo órgano de la célula. Tanto que ahora se habla de las moléculas, de los genes o de las nanopartículas enfermas. Ya Juan ni María importan. La medicina cada vez más llena de sofisticados aparatos, fue desarticulada y deshumanizada.

En un sistema de salud que fue diseñado como un negocio fundamentado en la enfermedad, si desaparece la enfermedad se pierde la esencia que produce ganancias. Por eso la prevención no

recibe la atención que merece y menos la promoción de estilos de vida saludables. Para que sea negocio hay que gastar poco. Por eso clínicas y hospitales mantienen atestados de clientes que arrastran sus enfermedades mientras esperan que unos pocos profesionales los atiendan. A estos, mal pagados, con una carga de trabajo inmensa, estresados, obligados a atender pronto, a recetar poco y barato, a evitar remitir a especialistas ni a solicitar exámenes de laboratorio costosos, les queda muy difícil hacer buena medicina y se ven empujados todos los días, a cometer errores, que si bien es cierto son de buena fe, causan daños muchas veces irreparables.

Algunos piensan que la solución es demandar a los médicos por sus errores. Dejarlos en la calle o en la cárcel. Pero el sistema de salud, que es el que hace producir la mayor cantidad de los errores sigue campante, como si nada…

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